8/08/2007

El evangelio según San Martin. (Violencia en el cine, parte 2 de 3)



El 25 de febrero, cuando se acercaba a su final la ceremonia de entrega de los premios popularmente conocidos como Oscars, subieron al escenario del Kodak Theater Steven Spielberg, Francis Ford Copolla y George Lucas para anunciar el ganador del premio a Mejor Director. Esta sería la primera señal de que uno de los hechos más esperados por cinéfilos de todo el mundo iba a ocurrir finalmente. Después de ser nominado siete veces (dos de ellas como mejor Guionista) finalmente Martin Scorsese, de quien Spielberg llegó a decir que era el mejor director vivo del mundo, recibió un Oscar como mejor Director. Y no me avergüenza decirlo: lloré. Lloré de la alegría de que finalmente se hiciera justicia. Ya se que hay coas más dignas por las que llorar, como que lo dejen a uno o la pobreza del mundo o los niños de la calle pero qué les puedo decir, después de pasar tanto tiempo trabajando el cine de Scorsese me siento casi como familia. Además, cualquiera que haya visto el hermoso, tierno, íntimo y brillante documental "Italianamerican" sale sintiéndose parte de la familia. Ver a Catherine Scorsese explicando a su hijo cómo debe hacer el documental y verla además haciendo la famosa receta de salsa para pasta es simplemente un privilegio.
Bueno, me supongo que para este momento ya se habrán dado cuenta de que cuando a Scorsese se refiere no puedo ser objetivo.



Martin Scorsese nació en el año 1942 en la ciudad de Nueva York (Queens), pero en el año 1950 se mudaría al barrio italiano (Little Italy ) donde pasó su infancia. Sus experiencias en este lugar se reflejarán directamente en películas como “It's Not Just You, Murray! (1964), What's a Nice Girl Like You Doing in a Place Like This? (1963) y Mean Streets (1973), todas ellas filmadas en la calle donde vivió gran parte de su vida.


Debido a que era asmático y no podía jugar con sus compañeros en la calle pasaba la mayor parte del tiempo en su casa viendo la televisión o en el cine con su padre. De ahí que desde muy pequeño aprendió a usar ese lenguaje del que más adelante se convertiría en uno de los virtuosos.
De pequeño todos sus compañeros querían ser mafiosos. El glamour, el respeto, el dinero eran elementos atractivos para cualquier joven. Pero su realidad de asmático hizo que se decidiese por el otro trabajo admirado: el de sacerdote. Pero su fe era genuina. Creía en la importancia de ser bueno y ayudar a los demás. Por lo que si bien terminó siendo director de cine, esa vocación siguió viva en él. Unió ambas vocaciones y es así como el cine de Scorsese es un cine personal que surge de sus vivencias y preocupaciones. Fue Haig Manoogian, su profesor en New York University, quien dejaría una marca más profunda en su obra. Le explicó que una obra de arte debe ser producto de una vida vivida y por lo tanto debía reflejar esa vida.
El cine de Scorsese es un cine moral que pretende dejar una huella. Es un evangelio hecho para el hombre y la mujer urbanos del siglo XX. Pero la salvación en el cine de Scorsese no es fácil. No hay camino fácil a la redención del ser humano. Tiene que pasar por el acto violento. Así como en el cristianismo la salvación viene a través de un acto de extrema violencia como lo es la crucifixión de Jesús que fue inevitable, la salvación de cada ser humano pasa por esa violencia que es también inevitable.
En cada una de las películas donde la violencia forma parte importante podemos ver como esta es un instrumento de redención. En Mean Streets el tiroteo del final de la película, en Casino (1995) la larga secuencia en la que terminan muertos gran cantidad de los personajes, las golpizas a las que se somete Jake la Motta en Raging Bull (1980), la masacre en Taxi Driver (1976), la pelea final de Cape Fear (1991) o los asesinatos masivos del final de The Departed (2006). Toda esa violencia está ahí para enseñar a los personajes que no hay camino fácil a la redención. Como dice Charlie Boy en Mean Streets, “…al final, lo único importante son los dolores del infierno. El calor de un fósforo encendido multiplicado un millón de veces… infinito. Y uno no anda por ahí jodiendo con lo que es infinito… no hay manera de hacer eso.”
Pero contrario a lo que se piensa hay muchas películas de Scorsese donde la violencia no solo no aparece, sino que llegan ser profundos testimonios en contra de la violencia humana. Kundun (1997), una película biográfica acerca del Dalai Lama y basada en su autobiografía Mi tierra y mi gente, no es sino el complemento de Taxi Driver. Travis es un solitario que decide tomar la justicia en sus manos y vengarse de todo lo malo que hay en el mundo asesinando a un candidato presidencial. Al final, y debido a que fracasa en su intento, se aparece donde está el hombre que administra a una prostituta adolescente y lo mata a él así como a todos los que encuentra por el camino. A diferencia de los mafiosos que vemos en otras de sus películas, este es un personaje cuya motivación es hacer el bien. Como diría el mismo Scorsese, Travis es “el lado erróneo de la virtud” mientras que el Dalai lama es la virtud tal como esta debería ser.



Una mención muy especial merece la película The Last Temptation of Christ (1988), ya que debido a toda la controversia que se armó a su alrededor es muy difícil analizarla con frialdad. Este proyecto, que permaneció guardado en un cajón durante muchos años debido a que era casi imposible conseguir financiamiento, es muy cercano al corazón de este director neoyorquino. Basado en la novela homónima de Nikos Kazantzakis aquí vemos a un Jesús más humano que divino, y que colgado en la cruz cuestiona su sacrificio. Este es un Jesús más cercano al hombre, quien tiene como vida diaria a la duda.
Hacer el bien o hacer el mal no es algo tan sencillo como decidir hacerlo. La vida es una constante decisión y por lo tanto una constante duda y este es otro elemento importante que podemos ver, por ejemplo, en Cape Fear. Esta película es un remake de otra con el mismo nombre hecha en el año 1962.
En la versión del año 62 tenemos lo que Scorsese llama una “historia blanca y negra”, donde los malos son muy malos y los buenos son muy buenos. No hay dudas. Queda muy claro que Sam actuó bien y que Max es un delincuente violento que de manera injusta tortura a Sam. En la versión de Scorsese esa bidimensionalidad ética desaparece para darle lugar a una gran paleta de colores. Sam, quien era fiscal del caso que terminó enviando a la cárcel a Max, ocultó algunas pruebas que pudieran haberlo dejado en libertad pues consideró que Max Cady era culpable. La hija de Sam es una adolescente que detesta a su padre. La esposa de Sam está cansada del matrimonio. Estos elementos hacen que la violenta escena del final cobre una vida que no tuvo en la película original. Como dice el propio Max a Sam: “Y yo, lo declaro culpable abogado. Culpable de traicionar a su prójimo, culpable de traicionar a su país y por el poder investido en mí por el Reino de Dios lo envió al noveno círculo del infierno. Allí usted aprenderá lo que significa perder algo, perder la libertad, perder la humanidad. Ahora usted y yo seremos iguales.”
Y para sus proyectos futuros Scorsese continúa con este cine personal y moralista. Ya está en pre producción la película Silence, basada en una novela de Shusaku Endo en la que se cuenta la historia de dos jesuitas portugueses que van a Japón para averiguar si efectivamente otro sacerdote cometió apostasía bajo tortura. De nuevo el tormento de la decisión y la convicción de que esta nunca es fácil están presentes.
Sea como sea Scorsese es uno de los directores que mejor domina el lenguaje cinematográfico, por lo que ver sus películas es y siempre será un festín. Estemos o no de acuerdo con los temas debemos admitir lo que para Hollywood ha sido una certeza durante muchos años: la genialidad del mejor director del mundo.

4 comentarios:

Juan Ernesto Páez-Pumar O. dijo...

Lo confieso Arturo: no había podido ver "The Departed". Pero la tranquilidad de Blockbuster de Los Palos Grandes me permitió disfrutarla el lunes en la noche. Más que comprensible esta crónica que redactas. La escena de la muerte de Di Caprio saliendo del ascensor -sencillamente- no tiene desperdicio. Y para un fanático de Pink Floyd como yo, nada más sublime que escuchar "Comfortably Numb", en la escena sexual entre Di Caprio y Vera Farmiga. Esa versión de "Comfortably Numb", no es con Pink Floyd, pero sí con su creador, Roger Waters junto a Van Morrison, extraida del album "The Wall, Berlin 1990". Es aquel mítico concierto de mayo de 1990 tras la caida del muro de Berlín. La original está en el disco 2 de "The Wall" (1979).

Juan Ernesto Páez-Pumar

Arturo Serrano dijo...

Sabes que a Scorsese le encanta usar canciones muy famosas cantadas o interpretadas de maneras nuevas o por personas distintas a la original. El caso más mpresionante y espectacular es "I did it my way", pero no interpretada por Frank Sinatara, sino por ¡¡Sid Viciuous!! Esto es al final de Goodfellas cuando el personaje de Ray Liotta, que había gozado los beneficios de ser un miembro importante de la mafia y que ahora vivía en un suburbio, protegido por el Witness Protection Program por haber delatado a sus compñeros, comiendo "espaguetis con ketchup" se queja de su destino.

Francisco H. dijo...

Gracias por todas las peliculas que me prestaste hace unos años. Ansío la 3ra parte.

Francisco Navarro.

Juniper Girl dijo...

¿Ya vi la trilogía de Infernal Affairs? Me gustaria saber su opinion de ella para con The Departed.
Saludos