9/12/2007

Reflexiones ingenuas acerca del poder



Eso de tener poder debe ser muy sabroso. Lo digo porque aquellos que lo ostentan raramente quieren separarse de él. Ahora bien, el poder es una cosa curiosa pues si bien todos sabemos que lo queremos, nadie puede admitir que lo quiere. Es algo así como u a especie de mala fe generalizada.
Si alguien demuestra que quiere poder o que quiere conservarlo entonces se jodió, porque todos emepazarán a verlo sospechosamente. Es por eso que se inventa eso de “No soy yo quien lo quiere sino mi gente” o “No, si a mi no me importa que no me renueven el cargo”. Yo de verdad que no entiendo cuál es el problema de admitir que a uno le gusta el pode. Supongo que es así como admitir que uno se masturba: todos lo hacemos, todos sabemos que todo el mundo lo hace pero si te preguntan dices que no.
Otra cosa que tiene el poder es que es igualito a la mierda: se pega. Aquellas personas que están con los poderosos en cierta manera son poderosos. Y mientras más cercano estés pues más poderoso eres y mientras más confianza muestres con quien ostenta el poder más poder obtendrás.
Siempre me ha pasado que he admirado a aquellas personas que logran hacer con facilidad lo que a mi me cuesta como comer sano, o hacer ejercicio o no echar tantos chismes. Pues si hay alguien a quien yo admire es a la persona que resiste la tentación de ejercer su poder de tal manera que se le note ese sentimiento de superioridad, de sentirse EL elegido, el que tiene poder porque tiene que tenerlo.
Por supuesto toda esta reflexión debe terminar con lo que yo llamo la “reflexión Emparan” y que se refiere a que toda reflexión sobre el poder siempre debe terminar con l aclaratoria del autor de que él o ella no quiere poder (se llama Emparan por aquel Capitán General de Venezuela del cuento del balcón en lo que hoy se llama la Plaza Bolívar en la que a las negativas del pueblo de que él siguiera ejerciendo su poder , respondió “No quiero mando”). Pues bien, lo digo: no quiero mando. Se los regalo. Soy muy flojo. Da mucho trabajo. Pero no soy santo, hay otras cosas que quiero, y que las quiero muchísimo. Pero acerca del dinero y de la fama hablamos otro día

5 comentarios:

Vero Ruiz del Vizo dijo...

Querido Profesor Arturo,

Tropecé con su blog y me gustó. Hace poco estuve conversando sobre el poder, junto a una copa de vino (una sóla, no bebo mucho) y algunos amigos. Creo (en mi humilde ignorancia) que lo difícil es perpetuar el poder; mantenerlo. Lo invito a pasar por mi blog y leer mis tonterías. Capaz conversó sobre alguna de ellas, con sus amigos y el vino.
Lo espero,
una de sus taaantas alumnas de Com. Social,

Verónica Ruiz del Vizo P
www.veronicaruizdelvizo.blogspot.com

Adry dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Adry dijo...

Coincido contigo: lo peor del poder es la falsedad de quien lo tiene y niega querer tenerlo... Es patético. Pero si voy un poco más allá, creo que el problema no se trata de tener o no poder, o de reconocer querer tenerlo o no, sino más bien en lo que se hará con el poder... es decir, puedes destruir a Vzla, homogenizarla, discriminar y hundir a los que no piensan como tu (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia) o puedes hacer todo lo contrario... o una mezcla de ambas... lo más peligroso en estos casos es irse a los extremos.

Jefferson dijo...

El poder es algo que está implícito dentro de todos los seres humanos, pareciera que es esa gasolina invisible que nos invita a seguir progresando, a seguir superando lo que antes habíamos hecho. ¡Claro está! que la manera en que lo utilizamos una vez que lo obtenemos deja mucho que desear. Quizás sea una cuestión de bases; no nos enseñaron a ser humildes, a reconocer que alguna vez estuvimos debajo de algo o de alguien.

Lo que pasa ahorita en el mundo, además de muchos otros errores, es un mal uso de nuestros poderes y de como hemos hecho caso omiso de su buen uso y la responsabilidad que eso implica.

Jefferson.

roger vilain dijo...

Muy interesante el texto, Arturo. Cada vez que puedo le echo una ojeada a tu blog, que está lleno de ideas, de humor y de frescura.
Un abrazo,

Roger