11/16/2014

El sueño de la razón produce cine



Este libro, publicado en el 2011 por Publicaciones UCAB y recopila una serie de ensayos publicados en otras partes, así como algunas conferencias. Asimismo, incluye una serie de ensayos cortos sobre variados temas cinematográficos.
Sus contenidos son:
 1) El sueño de la razón produce cine. Una aproximación filosófica al cine de Alain Resnais
2) Reflexiones sobre tambores y una flor de cayena. Identidad caribeña en Carmen, la que contaba dieciséis años
3) Placeres reales y placeres falsos en The Matrix. Una defensa de Cypher
4) La pantalla como púlpito. Violencia y redención en el cine de Martin Scorsese
5) Ética y estética en el cine de Martin Scorsese y Quentin Tarantino
6) ¿Ver o escuchar? Música y suspenso en Psycho.

7/09/2012

Vagando por el desierto de lo real (Tarantino explicado a los posmos)


El objetivo de Quentin Tarantino como artista es agradar a su audiencia. Lo que ha llamado nuestra atención es el objeto que este director ha escogido para representar y usar como elemento distintivo de su cine: la violencia.
Quisiera hacer una especie de recuento del viaje que ha hecho la violencia en el cine de Tarantino explicando cómo esta va de la violencia real ultraviolenta a una hiperviolencia o violencia hiperreal. Para explicar esto, usaré un concepto cuyo origen buscaremos en un texto de cuatro siglos antes de Cristo y que luego rastrearemos en el siglo XX. Este concepto es el de simulacro. Pero empecemos por el comienzo: El Gorgias.
El Gorgias es un diálogo escrito por Platón y cuyo tema es la retórica. Con su acostumbrada ironía y sagacidad Sócrates marea con sus preguntas a los interlocutores (Polo, Gorgias y Calicles) para averiguar cuál es la naturaleza de la retórica. Quiere saber qué arte (techne[1]) es esta y como Polo parece no entender la pregunta, Sócrates le da un ejemplo: “si fuera fabricante de sandalias, te contestaría seguramente que es zapatero”.
Debido a que nadie puede responder la pregunta o que ninguna respuesta satisface a Sócrates, los interlocutores le piden que responda él mismo a la pregunta sobre qué arte sea la retórica. La respuesta de Sócrates es contundente: la retórica no es un arte, sino una parte de algo a lo que llama adulación (kolakeias). Nos dice Sócrates respecto a la retórica que “es una cierta profesión, ajena al arte, pero que supone un espíritu perspicaz, valeroso y apto por naturaleza para tratar con la gente. A su esencia la denomino yo adulación” (463ª).
 Mientras que las artes (technai) buscan lo verdadero y lo bueno, la adulación (kolakeias) se convierte en un simulacro (eidolon) que solo busca el agrado de aquel a quien va dirigido. Por un lado tenemos a las artes: el médico quiere tu salud (aún a pesar de que las medicinas no sepan bien) y el político se supone que quiere el bienestar de todos (aún a pesar de que sus políticas públicas no agraden a los ciudadanos). Por otro lado, tenemos las adulaciones como la culinaria (que es la adulación de la medicina y cuyo único objetivo es agradar el paladar) o la retórica (que es la adulación de la política y cuyo único objetivo es agradar los espíritus). Estas solo quieren adular sin importar la verdad o el bien.
Pero para que efectivamente la adulación sea exitosa es necesario que el sujeto que se complace sienta que su compromiso sigue siendo con la verdad y no con su mero agrado. Si consumo un delicioso puré de papas pero tengo la certeza de que su altísimo contenido graso me hace daño, el agrado se dificulta. Es por eso que, como dijimos antes, la adulación se convierte en el simulacro del arte respectivo e intenta hacerse pasar por él[2].
Los simulacros (eidola) toman el lugar de lo que busca la verdad, lo sustituyen, se hacen pasar por él, lo simulan adaptándose al gusto de la persona a quien está dirigido y convirtiendo así en inútil aquello que simula. Como afirma González Lodge en su comentario al Gorgias, la adulación (kolakeias) incluye todo aquello cuyo objetivo es “lo agradable en vez de lo bueno”.
Esto es precisamente lo que venimos diciendo de Quentin Tarantino desde el comienzo de este libro: lo que busca este director es adularnos, lograr nuestro agrado con algo que hasta hace poco no podía ser disfrutado: la violencia. Para lograr ese agrado es que Tarantino desarrolla su peculiar manera de representar la violencia. Pero a la vez, el director no quiere perder lo emocionante y excitante de ella, por lo que desarrolla una violencia hiperbólica que agrada.
Jean Baudrillard usó la palabra “simulacro” para definir nuestra relación con la realidad. En 1981 Baudrillard publica Cultura y Simulacros[3], tratado que además de su merecida fama como texto teórico, fue inmortalizado en la película The Matrix (Wachowski, 1999) pues Neo esconde el software y su dinero en un ejemplar de este libro.
En el primer ensayo que compone ese texto, titulado “La precesión de los simulacros” Baudrillard es bastante radical a la hora de plantear su teoría. La realidad, según él, ha sido suplantada por simulacros. Las imágenes y símbolos se han rebelado y han tomado el lugar de aquello a lo cual representaban. Como dice el propio Baudrillard:
No se trata ya de imitación ni de reiteración, incluso ni de parodia, sino de una suplantación de lo real por los signos de lo real, es decir, de una operación de disuasión de todo proceso real por su doble operativo.[4]
Este simulacro, que se desvincula de lo real y pretende sustituirlo, es a lo que llamamos hiperreal. Eco lo explica así: “El signo aspira a ser la cosa y a abolir la diferencia de la remisión, el mecanismo de la sustitución. No la imagen de la cosa, sino su calco, o bien su doble.”[5]
Sin ser tan radical como Baudrillard, creo que el concepto de hiperrealidad sirve para entender mejor el cine de Quentin Tarantino. Como ya hemos dicho, para poder complacer a la audiencia y convertir a la violencia en una experiencia placentera, debemos alejar la representación de la violencia real para así evitar conexiones cuyas consecuencias morales evitarían nuestro placer. En este movimiento la representación va adquiriendo autonomía y es así como la violencia se convierte en hiperreal.
Para conseguir el agrado del espectador es que Tarantino se embarca en un viaje. Si tuviésemos que aclarar el itinerario de este viaje, podríamos decir que esta ha ido desde la tímida Reservoir Dogs o Pulp Fiction, en las que la desconexión con la realidad viene dada tan solo por sus consecuencias en los personajes pero no en el aspecto visual (de ahí la necesidad que siente Tarantino de alejar la cámara cuando Mr. Orange corta la oreja del policía),  pasando por Jackie Brown, que parece ser una película de transición a un nuevo cine: el cine de la violencia hiperreal que abandona por completo la realidad para luego sustituirla como representación real de la violencia que solo busca el agrado del espectador. La violencia hiperreal usurpará el lugar de la violencia real.
Pero lo hiperreal no es mera suplantación de la realidad, sino a la vez exageración de ella. Disneyland, el ejemplo favorito de Eco, o Las Vegas no son simplemente mundos que pretenden suplantar a lo real, sino que además lo exageran y lo convierten en algo que está en un peldaño superior al de la realidad. Disneyland, por ejemplo, es una representación exagerada de la bondad infantil (no hay crímenes, todo es nuevo, todos somos felices) y Las Vegas es la exageración del vicio (“Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas”). De esa misma manera, el cine no se conforma con representar a la violencia real, sino que quiere exagerarla y sustituirla con una versión exagerada.
El cine, por su propia manera de ser exhibido, tiende a lo espectacular. La imagen se proyecta en una pantalla con proporciones que pueden ir de dos, tres y hasta veinte veces el tamaño real de la cosa representada. Si bien el cine también se ha alejado de lo espectacular (como por ejemplo en el neorrealismo italiano), esta ha sido la excepción. De la mano de los técnicos especialistas, se han inventado más y mejores maneras de proyectar la imagen para lograr esa espectacularidad. Cinemascope, 70mm o 3-D son algunos de los inventos que se han desarrollado para mejorar las posibilidades de espectacularidad en el cine. De hecho, pudiéramos decir que una de las cosas que caracteriza (y según Leo Charney es su causa) al cine es la tensión entre el elemento efectista de lo espectacular y su intención de contar una historia. “El cine narrativo surgió en la confluencia de dos caminos que parecen incompatibles: la tradición de las atracciones de discretas sensaciones violentas y la tradición clásica de una narración linear de causa y efecto”[6].
Eco describe la exageración como elemento de la hiperrealidad haciendo referencia al “more” (más) utilizado en los Estados Unidos para reflejar la abundancia. Como indicador de que un objeto es deseado, la empresa que lo fabrica promete al cliente que le dará más. Usando el “more to come” (aún hay más), Eco describe el estado de bienestar entendido como tener “más de lo que estamos habituados a tener, más de lo que jamás podríamos tener, que habrá hasta para tirar”[7].
Una vez que la violencia real entra al juego del arte, pierde su status de superioridad con respecto a las imágenes que la representan. Es una más, y como tal se encuentra a la merced de las preferencias de consumo de los espectadores. Lo que quiero decir con esto es que dejamos de tener imágenes reales de violencia real (los noticieros o documentales) contrapuestas a imágenes falsas de violencia falsa (la violencia tal como era representada en el cine hasta 1967) y nos quedamos únicamente con la hiperviolencia.
Ya hemos hablado de cómo la cobertura que los noticieros hicieron de la Guerra de Vietnam, apresuró la evolución artística del hecho violento y causó un cambio en la manera de ser representada. Esto, trajo como consecuencia que el cine tendió a representaciones más “reales” de la violencia, es decir, la gente en las películas se moría tal como se moría en la realidad. A esta violencia se le da el nombre de la ultraviolencia (que es el estilo que utiliza Tarantino en sus dos primeros largometrajes).
Así como la audiencia norteamericana, al sentirse estafada por las representaciones ridículamente falsas de la violencia antes de 1967, exigió algo más; hoy en día estamos presenciando un nuevo cambio, pero en este caso no es la imagen violenta la que ha dejado de complacernos sino la realidad misma tal como es transmitida por los medios.
Desde Kill Bill, Quentin Tarantino produce obras de arte para el decepcionado que vaga sin rumbo por el “desierto de lo real”[8] (por usar una expresión del propio Baudrillard).  Hace cine para aquel que quiere ser complacido sin tener en consideración la realidad (es decir, adulación en todo el sentido de la palabra). El público de Tarantino es aquel que no ve en Neo, sino en Cypher, el héroe de The Matrix pues es este el que se da cuenta de que aunque no sea real, el mundo que creó para nosotros la matriz es mejor que el real[9].
Abandonamos la ultraviolencia, que sigue estando aún obsesionada con lo real, y optamos por la hiperviolencia que sustituye a la violencia real y deja de referirse a ella.
Quien critica la violencia en las películas de Tarantino porque la considera demasiado real[10], no hace sino caer en la trampa del objeto hiperreal. Tarantino maquilla la violencia para alejarla de la realidad, pero en vez de alejarla disminuyendo su impacto visual (que es lo que tradicionalmente ha hecho Hollywood), la aleja aumentando su impacto visual, exagerándola. Pareciera que el espectador, acostumbrado a esa versión edulcorada de la violencia, se da cuenta de lo que lo que le hace falta a estas representaciones es ser más explícitas, más largas, más sangrientas (en resumen, “more”) sin darse cuenta de que esta tendencia no se detendría. Llegar a representaciones más reales de la violencia no significó que los directores se sintieron satisfechos. Siguieron agregando más y más.
Un buen ejemplo de esto es el análisis que hace Stephen Prince de la película The Passion of the Christ (Mel Gibson, 2004) en el que nos dice que “críticos y espectadores percibieron el tratamiento de la violencia que hace el film como riguroso y objetivo”[11], cuando en realidad si lo comparamos con la descripción que hace la Biblia podemos percatarnos de que hace un exagerado énfasis en el dolor y la violencia infligidos a Jesús.
La manera en la que la violencia o ultraviolencia se convierte en hiperviolencia tiene dos mecanismos: el de la exageración y el de la declinación de la violencia. Del primero ya hemos hablado un poco y para explicar el segundo, usaremos como ejemplo la película Death Proof.
La escena más violenta de esta película es la muerte de las cuatro chicas de la primera parte. En lo que parece ser una versión automotriz del mexican standoff al que Tarantino es tan aficionado, el carro de Stuntman Mike se enfrenta al de las chicas y colisiona con ellas de frente. La muerte de cada una de ellas es vista por separado en escenas ralentizadas que le permiten al director usar una de las modalidades de sustitución de la realidad por la hiperrealidad que Baudrillard, en un texto de 1976, llama “el vértigo de simulación realística”, descrito por el filósofo francés como “la deconstrucción de lo real en sus detalles –declinación paradigmatica cerrada del objeto- aplanamiento, linealidad y serialidad de los objetos parciales”.[12]
Al mostrarnos la muerte cada una de ellas por separado, vemos el mismo hecho violento repetido cuatro veces. Tarantino declina la violencia al mostrárnosla fragmentada para nuestro atento análisis. Este proceso desnaturaliza el acto violento y haciendo uso del recurso de la exageración, lo inflama hasta convertirlo en algo distinto de la realidad que a la vez pretende suplantarla. Tal como dice Jane Gaines:
El increíble poder del efecto mimético está basado en una relación entre aquello que es representado y su representación, en la que la efigie o “copia” llega a tener los mismos poderes que el original y, además, llega a tener poder sobre el original… La copia puede ser vista como más poderosa que aquello que representa (su referente) porque deriva su poder de ella sin llegar a serlo.[13]
Si algo ha caracterizado las imágenes de la violencia que pretenden un efecto estético es el hecho de que para lograr ese efecto, se desnaturalizan. De los mecanismos desnaturalizadores para estetizar la violencia el más usado ha sido el inaugurado por Akira Kurosawa (Siete Samurais, 1954) cuando empezó a ralentizar las escenas violentas. Esto a su vez inspiró a Arthur Penn quien usó ese sistema en Bonnie and Clyde. “Lo que hizo Kurosawa fue ralentizar la imagen cada vez que había un asesinato. Yo pensé que se podría hacer algo más interesante, que era cambiar las velocidades y entonces, a través del montaje, crear una especie de efecto baletístico”[14]. Tarantino lleva la ralentización un paso más allá, pues tal como indica Baudrillard la desnaturalización no viene dada por ver la escena violenta lentamente, sino que la vamos a “declinar” y separar en sus componentes.
Pero no nos confundamos, pues a pesar de que esta reflexión se refiere tan solo a un director, el asunto que tratamos es esencial para el cine y, de hecho, pudiéramos hacer una división de los teóricos del cine en quienes defienden que este debe expresar la realidad y no tan solo lo verosímil (Hugo Munsterbeg[15] y André Bazin[16] serían los máximos representantes de quienes apoyan esta posición), y del otro lado quienes defienden que representar lo ya existente es absurdo y hasta nauseabundo (tal como afirma Roland Barthes[17]).
Por el lado de los realistas, el argumento es que el cine está ahí para ser un espejo de la realidad. La prueba de ello, nos dirá Bazin, es que a medida que el público va conociendo el cine y sus mecanismos deja de sentirse complacido con una mera verosimilitud que se parece a la realidad (lo que él llama realismo) y en cambio, exige imágenes cada vez más reales (realidad). El público, afirma Bazin, no quiere realismo, sino realidad, pero el cine se ha movido en dirección contraria. “La verosimilitud ha tomado poco a poco el lugar de la verdad, la realidad se ha disuelto lentamente en realismo”[18]. El caso de la violencia en el cine es paradigmático, pues muestra con claridad que a medida que el público se hace “experto” lector de este medio, empieza a exigir que las representaciones de la violencia sean más reales.
Por el otro lado, tenemos a Roland Barthes quien sostiene que la mimesis (el hecho de imitar) “produce un sentimiento nauseabundo, una cierta nausea que viene de la reproducción conservadora de signos ya existentes. Para el sin duda anti representacional Barthes, cualquier imitación del mundo exterior, cualquier práctica estética basada en la referencia y la repetición, más que en el libre juego de signos, es inadecuada”[19]. El artista debe ir más allá y crear signos independientes que si bien pueden o no tener sus raíces en la realidad, deben tener vida propia.
Al igual que Barthes, Tarantino considera que la realidad no es el propósito del cine, sino todo lo contrario y esto es especialmente cierto cuando el cine representa hechos violentos. Por razones que hemos explicado, violencia real que parece real y se siente real se convierte en un objeto imposible de disfrutar. Por sus terribles consecuencias se hace necesario alejarla de la realidad para convertirla así en producto consumible y eso es lo que hace Tarantino convirtiéndola en una versión inflamada de la realidad que nos permite abandonarnos en el placer de la violencia.
Ahora bien, todo lo que hemos dicho hasta el momento pareciera presentar un problema. Si decimos que es necesario saber que la violencia es irreal para poder disfrutarla, ¿qué ocurre cuando afirmamos que las imágenes a las que nos referimos sustituyen a la realidad? ¿Acaso no pasa entonces la ficción a convertirse en realidad previniendo así el disfrute? La respuesta corta a esta pregunta es no, pero veamos por qué.
Cuando decimos que lo hiperreal sustituye a lo real, no estamos queriendo decir que se convierte él en lo real, sino que pasa a ocupar su puesto. Quien va a Disneylandia o a Las Vegas sabe perfectamente que todo lo que ve es falso, pero aún así entra en ese juego en el que se convierte de habitante de ese mundo creado para él. Ahora vive en esa hiperrealidad que suplantó a la realidad, pero eso no significa que las confunda. Pero demos un ejemplo concreto.
En un país particularmente violento como Venezuela (tiene uno de los más altos índices de homicidios del mundo y las armas son muy comunes) podemos ver como muchas personas se fotografían en las redes sociales sosteniendo armas tal como ven que ocurre en las películas (poniendo la mano de lado por ejemplo) sin preocuparse de si esa es la manera correcta de sostenerla.
En estos casos lo que la persona imita tan solo lo estético de la violencia. Usando términos de cine, pudiéramos decir que hacen la puesta en escena del hecho violento tal como lo ven en las películas. Pero de ahí a decir que el acto violento en sí fue inspirado por las películas que la persona ha visto, me parece hacer decir a los datos cosas que ellos no dicen. Y esto entonces plantea un segundo problema, ¿esto que acabamos de decir no es prueba de que la violencia hiperreal tiene consecuencias en la violencia real?
Parece absurdo endilgarle al cine o a la televisión parte de esa responsabilidad cuando en un mundo globalizado lo que vemos en Venezuela y lo que ven en Costa Rica o Perú es más o menos lo mismo. ¿No significaría eso que si hay una relación causal todos los países deberían tener índices similares de violencia? ¿Acaso los violentos ven películas distintas de los pacíficos? ¿Acaso pudiéramos decir que si en Venezuela no hubiese violencia en los medios, tampoco estaría presenta en nuestra vida diaria? Sinceramente, eso es absurdo.
Tal como ya mostramos, los resultados de las pruebas científicas al respecto no han dado resultados concluyentes acerca de si hay una relación causal o no entre la violencia en los medios y la violencia real. El resto no pasa de ser la percepción íntima de algún sujeto. En una ocasión escuché a la escritora británica Marina Warner decir algo que suscribo en su totalidad: “Qué lástima que sea tan fácil prohibir la violencia en la televisión, pero tan difícil prohibirla en la vida real”.

*

En conclusión podemos decir que la violencia en Tarantino, al convertirse en objeto ella misma a través de la exageración, se divorcia del original que se supone representa y así se convierte en objeto consumible. El  vínculo que une la imagen y el objeto representado es el que evita que disfrutemos la violencia. Referir la violencia representada en la ficción a la violencia real tendría la consecuencia de evitar nuestro agrado o placer al recordarnos nuestra propia mortalidad y activar los mecanismos de empatía hacia quienes sufren los efectos de la violencia en la representación. Es así cómo al erigirse en objeto hiperreal, la violencia de Tarantino rompe ese vínculo incómodo que la unía a la realidad y abre las puertas de una estética de la violencia.



[1]           Cuando los griegos preguntan si algo es un arte o no, se refieren a la distinción entre aquello que es arte y lo que es meramente empírico (empeiria). Mientras que quien tiene conocimiento de lo empírico tiene conocimientos de hechos concretos (por ejemplo que una aspirina quita el dolor de cabeza), el que tiene arte va más allá y no solo conoce el hecho concreto sino que además conoce sus causas (la aspirina se compone de acido acetilsalicílico, el cual inhibe el dolor de cabeza porque actúa a un nivel cerebral subcortical). Para llegar a ser arte, es necesario antes ser empírico. Con los sentidos percibo los hechos concretos y si estos hechos se repiten en las mismas condiciones, esto a su vez me lleva a investigar las causas de esa repetición. De esta manera se desarrolla el arte, que es una especie de teoría general acerca de algo. Una de sus características más importantes es que puede ser enseñado.
[2]           Un buen ejemplo de esto son los productos bajos en grasa o bajos en calorías. Tienen buen sabor y a pesar de no ser tan sanos como reclaman ser, se presentan ante el consumidor como productos sanos que no solo no emporan la salud, sino que la mejoran. Se convierten en su simulacro de una verdadera buena dieta que se debería componer de vegetales, legumbres, etc.
[3]           Jean Baudrillard, Cultura y Simulacros (Barcelona: Kairos, 1978)
[4]           Jean Baudrillard, “La precesión de los simulacros”, en Jean Baudrillard, Cultura y Simulacros (Barcelona: Kairos, 1978), p. 12.
[5]           Umberto Eco, “Viaje a la hiperrealidad”, p. 16.
[6]           Leo Charney, “The Violence of the Perfect Moment”, p. 53.
[7]           Umberto Eco, “Viaje a la hiperrealidad”, p. 17.
[8]           La expresión “desierto de lo real” es usada por Baudrillard para referirse a ese mundo desprovisto de toda realidad y donde solo queda el simulacro. Esa misma expresión fue usada por Morfeo en la película The Matrix para referirse al mundo creado por la matriz.
[9]           Cf. Arturo Serrano, “El Filebo y The Matrix. Una apología de los placeres falsos”, en Arturo Serrano, El sueño de la razón produce cine, pp.31-38.
[10]          Un ejemplo de esta posición al respecto de la violencia en Quentin Tarantino es el de Johann Hari, crítica de cine del Huffington Post, quien afirma que por fin Tarantino representa la violencia “tal como es en la realidad”. http://www.huffingtonpost.com/johann-hari/the-terrible-moral-emptin_b_270809.html. Revisado el 10 de mayo de 2012.
[11]          Stephen Prince, “Beholding Blood Sacrifice in The Passion of The Christ: How Real is Movie Violence?” en: Film Quarterly, vol. 59, número 4, pp. 11-22.
[12]          Jean Baurillard, El intercambio simbólico y la muerte (Caracas: Monte Ávila Editores, 1993), p. 86.
[13]          Citado en: Paul Gormley, The New-Brutality Film. Race and Affect in Contemporary Hollywood Cinema (Bristol: Intellect, 2005), p. 86.
[14]          Lester D. Friedman, Bonnie and Clyde (London: BFI, 2000), p. 73.
[15]          Hugo Münsterberg, The Film: A Psychological Study (New York: Dover, 1970)
[16]          André Bazin, ¿Qué es el cine? (Madrid: Ediciones RIALP, 2000)
[17]          Roland Barthes, S/Z (México: Siglo XXI, 1987)
[18]          André Bazin, “Farrebique or the Paradox of Realism” citado en: Ivone Margulies, Rites of Realism. Essays on Corporeal Cinema (London: Duke University Press, 2002)
[19]          Martin Jay, Cultural Semantics: Keywords of Our Time (Boston: University of Massachusetts Press, 1998), p. 120.

3/06/2012

Pie de chocolate de Minny (The Help) - RECETA


Lee Ann Flemming es una periodista que cubre la fuente de gastronomía para algunos medios, entre ellos la prestigiosa revista Food and Wine. Su fama va más allá de la mera escritura, pues se la conoce como una de las grandes pasteleras de pasteles típicos en los Estados Unidos. A esto podemos añadir que fue contratada por la producción de la película The Help para que cocinara más de cincuenta pies de chocolate (algunos de ellos sin gluten y otros vegetarianos para adaptarse a las necesidades e las actrices quienes iban a comerlo). Aquí les va la receta de la propia Lee Ann Flemming, quien debo admitir que recomienda usar masa de pie congelada marca Pillsbury, pero como en Venezuela no se consigue les doy la receta que la propia Ann Flemming da en otro artículo.


RECETA


Masa del pie

1 1/4 taza de harina todo uso

1 1/4 cucharadita de sal

1/3 taza de manteca vegetal

4 a 5 cucharadas de agua fría


Relleno del pie

1 1/2 taza de azúcar

3 cucharadas de polvo de cacao

4 cucharadas de mantequilla sin sal DERRETIDA

2 huevos

3/4 taza de leche evaporada

1 cucharadita de vainilla

1/4 cucharadita de sal


INSTRUCCIONES



La masa

  1. En un bowl mezclar la harina, la sal y la manteca (para que la manteca se incorpore mezcle son su dedo índice y pulgar la mezcla como si estuviese deshaciéndola. Al final debe quedar una contextura arenosa).
  2. Agregue a la mezcla anterior el agua fría de una cucharada a la vez. Entre cucharada y cucharada, aparte a un lado del bowl la parte de la mezcla que ya ha sido mojada. Haga una bola con esta mezcla y métala en la nevera por lo menos por una hora.
  3. Precaliente el horno a 180 grados centígrados. Estire la masa y cubra con ella un molde de pie. Con un tenedor abra agujeritos en toda la extensión del molde, cubra la masa con papel aluminio o encerado y sobre este coloque caraotas hasta cubrir la masa. Luego métalo en el horno unos 10 minutos para que la masa se cocine un poco y al añadir el relleno, no se deshaga. (El propósito de las caraotas es que no levante la masa). Deseche las caraotas y el papel aluminio.

El relleno

  1. Una todos los ingredientes en un bowl y bátalos con una batidora de mano hasta que formen una mezcla homogénea.
  2. Vierta esta mezcla en el molde del pie que ha horneado por diez minutos. Hornee por 45 minutos hasta que el relleno quede seco por los lados pero un poco húmedo en el centro.
  3. Decore con una bola de crema montada sobre el medio del pie.

3/18/2011

Soufflé de maíz (Esta es la reinterpretación que hace Edgar Leal de la cachapa)




Ingredientes

Para el soufle

170g maiz molido

2cucharadas mantequilla sin sal

2 cucharadas harina trigo

pizca sal

1 cucharada azúcar

2 yemas

2 huevos

80 g guayanes

24 g mantequilla fría

Para la salsa de pimentón:

Pimentones asados sin piel

Un poquito de agua

Pizca de azúcar

Un poco de sal

Para la salsa de queso:

Crema de leche

Queso guayanés rallado

Preparación


En una licuadora poner el maíz, las yemas, los huevos, la mantequilla, la harina y el azúcar. Licuar. Poner en moldes de cupcakes para hornear. El queso se pica en cuados y se mete en la mezcla ya en el molde de tal manera que no se vea. Que esté encapsulado. Se mete a 350 grados F (180 C) por 25 minutos.

Para la salsa de pimentón: Licuar todos los ingredientes hasta que quede como una salsa.

Para la salsa de queso: Se pone la crema a calentar y cuando esté caliente agregar el queso. Con un batidor de mano se mezcla hasta que tenga consistencia de salsa (unos segundos)

En un plato poner unas rayas de vinagre balsámico, a los lados se ponen rayas de salsa de pimentón y pegadas a estas, unas rayas de salsa de queso. Poner el soufflé sobre este plato.

2/15/2011

QUESILLO DE PIÑA CHÓPITE (receta de Beatriz Chópite)


Para el almíbar de piña
1 piña no tan madura
4 vasos de agua
2 vasos de azúcar

Para el quesillo

6 huevos
1 vaso del almíbar

Caramelo

1 vaso de agua
1 vaso de azúcar
1/2 vaso o menos del sirope de piña

Se licua la piña con 4 vasos de agua. Se cuela bien y se hierve con azúcar (2 vasos de azúcar) hasta que sea un sirope doradito (si quieren ser exactos, usen un termómetro de cocina y cuando el sirope llegue a 105 grados centígrados, está listo). Esto tomará su tiempo, así que paciencia.Cuando está listo, se deja reposar fuera de la nevera de un día para otro. Al día siguiente, se baten los seis huevos como para tortilla y poco a poco se agrega un vaso del sirope.
Para hacer el caramelo, agregar todos los ingredientes respectivos y esperar a que se haga el caramelo (de nuevo, si usan el termómetro pues yo diría que a 130 grados centígrados está bien para usar en el quesillo).
Una vez hecho este caramelo, se echa dentro de la quesillera y se bañan todas las paredes. Una vez que todas las paredes queden bien cubiertas, a esta quesillera se le agrega la mezcla del quesillo y se pone tapada al horno en baño maría por una hora o más (para saber si está hecho introduzca un palillo al quesillo, cuando salga seco es que está listo). Cuando est´pe hecho déjelo en el horno destapado unos minutos más para que se dore por encima.
OPCIÓN DE ADORNO - Después de echar el caramelo en la quesillera, ponga una o varias rodajas de piña en el fondo y sobre esto vierta la mezcla. Al desmoldar, la piña servirá de adorno.

1/04/2011

El nuevo contexto político del país, de Pedro Nikken


ESTE TEXTO FUE ESCRITO POR PEDRO NIKKEN PARA SER LEÍDO EN ASAMBLEA EN LA UCAB EL 4 DE ENERO DE 2011

Agradezco al Rector Virtuoso el honroso y comprometedor encargo de introducir la nueva situación política, surgida como consecuencia de la súbita irrupción de un nuevo marco institucional que violenta la Constitución así como estándares universales de la democracia y del estado de derecho. Después de haber completado mi carrera académica en la Universidad Centra de Venezuela, no puedo ocultarles mi emoción al regresar a la Universidad de donde egresé en 1968 para compartir con la comunidad reflexiones sobre los graves momentos por los que atraviesan la Universidad venezolana y la República misma.

Comienzo con dos puntos aclaratorios de esta introducción. El primero consiste en pedir disculpas anticipadas por un análisis predestinado a ser incompleto. Dada la envergadura de las transformaciones del orden jurídico-político involucradas en el paquete de leyes y medidas decididas por la Asamblea Nacional y el gobierno como un todo, estoy seguro de que esta presentación olvidará o no tendrá presentes algunas de ellas. El segundo, está referido a la naturaleza de esta presentación, que no se referirá de manera particular al contenido concreto de cada ley componente de ese paquete. Se trata entonces de una visión global, que tratará de determinar en qué punto del proceso político de la Revolución Bolivariana nos encontramos.

El nuevo cuadro político, surgido de la asonada parlamentaria de diciembre de 2010, se caracteriza por el abandono desembozado de principios fundamentales de la democracia y del estado de derecho. Esto se manifiesta en dos órdenes concurrentes. Por una parte, tenemos una nueva sobredosis de concentración del poder en cabeza del Presidente Chávez. Por otra parte, se ha tomado medidas que agravan dramáticamente la asfixia de la sociedad y cercenan la disidencia y la crítica

I. Más concentración de poder: autoritarismo

La primera medida que tomó la Asamblea Nacional en diciembre, el día 8, fue la atropellada designación de nuevos Magistrados (9 principales y los 32 suplentes) al Tribunal Supremo de Justicia, sin atenerse a los requisitos prescritos por la Constitución, toda vez que se ha designado a abogados sin la experiencia judicial ni académica exigida, como lo son varios parlamentarios actuales del partido de gobierno, cuyo mandato como tales se extingue el 5 de enero de 2011. Si la politización e instrumentalización del poder judicial eran un hecho notorio, esta última designación agudiza el vicio hasta lo grotesco. Tan grave, que una ex magistrada, no caracterizada precisamente por su posición crítica frente al régimen, como lo es la profesora Hildegard Rondón de Sansó, la resumió diciendo que “un sector fundamental del poder del Estado, va a estar en manos de un pequeño grupo de sujetos que no son juristas, sino políticos de profesión, y a quienes corresponderá, entre otras funciones el control de los actos normativos.” Se completa así el anonadamiento de la justicia que ha venido fraguándose desde que se instauró el actual régimen.

Sin menoscabo de la importancia de esas designaciones, lo más grave ha sido lo que no vacilo en calificar como golpe de estado contra el parlamento electo el 26 de septiembre de 2010. Una Asamblea Nacional agónica delegó en el Presidente de la República la potestad de legislar durante un período que excede de su mandato, durante el cual esa potestad correspondía y ciorresponde a quienes eligió el pueblo para ejercerla. Más allá de las formas jurídicas, es obvio que se incurrió en un claro abuso de poder, que defrauda ilegítimamente la voluntad del soberano. La mayoría circunstancial de 2005 encontró un ardid para imponerse sobre el voto de 2010 y extender el efecto de aquel precario mandato hasta 2012. Es una imposición a la vez ilegítima y antidemocrática, que se prevale de la sumisión del poder judicial para garantizar que se la comete impunemente.

Adicionalmente, haciendo abstracción de la justificación invocada para semejante delegación legislativa y de su fundamentación formal en la Constitución venezolana, con ella se ha facultado al Presidente a decretar leyes que, bajo conocidos estándares internacionales de universal aceptación, sólo pueden emanar de los órganos legislativos previstos en la Constitución y democráticamente elegidos, como lo son el establecimiento de nuevos delitos y penas, y las limitaciones a los derechos humanos, incluida la anunciada restricción de la cooperación internacional que reciben las organizaciones de la sociedad civil en Venezuela, que luchan en defensa y promoción de los derechos humanos, tanto civiles y políticos como económicos, sociales y culturales. Este es un aspecto inderogable del principio de legalidad, esencial para la vigencia del estado de derecho y la democracia constitucional.

A esto se agrega que se ha reformado el Reglamento de la Asamblea Nacional, en términos que restringen de manera irrazonable y abusiva las posibilidades reales de que los diputados elegidos el 26 de septiembre de 2010 puedan ejercer efectivamente su mandato. Se reducen las sesiones a una semanal y limita el tiempo que puede usar un parlamentario en los debates a diez minutos máximo y a tres minutos de réplica. Para privar a los 65 diputados que eligió la oposición del ejercicio real de su mandato, se ha procedido a sepultar al parlamento como tal. Se ha configurado así un verdadero golpe de estado contra la Asamblea Nacional elegida el 26 de septiembre de 2010, a la que se pretende condenar a ser un parlamento que no legisla y que no debate.

Adicionalmente, la Asamblea Nacional saliente ha aprobado, sin un debate abierto y participativo en su seno ni en la sociedad, un conjunto de leyes que se apartan del concepto de Estado federal descentralizado pautado en la Constitución de 1999 para sustituirlo por el Estado comunal centralizado, con lo que se culmina un proceso ilegítimo iniciado hace dos años destinado a dar vida, por la vía legislativa, a la reforma constitucional propuesta por el Presidente de la República en 2007 y rechazada por el pueblo en el referéndum que tuvo lugar el 2 de diciembre de esa año. Se consolida una reordenación territorial fundada en las denominadas comunas y la creación de un “Poder Popular”, no previstos en la Constitución; se sustituye al municipio como “unidad política primaria de la organización nacional”, como lo pauta la Constitución, por la comuna y se pretende despojar, en cambio, de sustanciales competencias a órganos constitucionales electos popularmente, como lo son los alcaldes municipales y los gobernadores estadales.



Adicionalmente, a través de una ley especial, se ha concebido una “sistema económico comunal” al margen y en contra de la Constitución, en el cual se impone el llamado modelo productivo socialista, se crea una banca comunal, se ignora la propiedad privada y se la sustituye por una indefinida “propiedad social”, se introduce una “moneda comunal” al margen del Banco Central de Venezuela y establece el trueque como medio institucional de comercio de bienes y sevicios.



Esta estructura, que afecta a todos los estados y municipios, es particularmente nociva en las entidades territoriales donde el partido de gobierno perdió las elecciones, pues se traduce en el desplazamiento de alcaldes y gobernadores electos por el pueblo conforme a la Constitución por funcionarios y entidades no constitucionales, que obedecen las líneas y directrices del Presidente de la República. Este es un punto de inflexión en la asfixia a la sociedad y a la disidencia, característica que no limita el momento político actual a los riesgos de autoritarismo, sino a que el Estado cope todos los espacios del cuerpo social, en un proyecto totalitario.



II. La asfixia de la sociedad: el totalitarismo



Otras leyes vulneran las reglas del juego democrático y evidencian franca contradicción con disposiciones explícitas de la Constitución de 1999, con el inocultable propósito de ahogar y penalizar a quienes disienten del proceso político impulsado por el Presidente Chávez. Entre éstas se encuentran una reforma a la ley que rige los medios de comunicación audiovisuales, que restringe aún más la libertad de expresión y que afecta incluso la libertad de utilización de Internet en Venezuela; una ley con conceptos vagos que permite sancionar a las organizaciones de derechos humanos que reciban financiamiento de la solidaridad internacional, como se autoriza y promueve en cánones aprobados por las Naciones Unidas; y una ley que priva a las universidades del pluralismo y la autonomía que son de su esencia y que les reconoce la Constitución. Se trata de sofocar todo foco de disidencia, con la imposición de un pensamiento único o, lo que es peor, de abolir el pensamiento crítico y abatir el pluralismo democrático.



Adicionalmente, se han agudizado las confiscaciones de la propiedad privada. Se ha burlado la norma constitucional según la cual “sólo por causa de utilidad pública o interés social, mediante sentencia firme y pago oportuno de justa indemnización, podrá ser declarada la expropiación de cualquier clase de bienes.” Con el apoyo de la Fuerza Armada, vale decir, de las armas de la República, se ocupan tierras, inmuebles e instalaciones industriales y comerciales productivas, sin juicio de expropiación ni pago de indemnización. Se avanza así hacia el estado propietario de los bienes de producción, conforme a los reconocidos cánones del llamado socialismo real.



Por último, pero no por ello menos importante, el Consejo Nacional Electoral, con una composición aún más radicalizada de partidarios del gobierno, ha establecido nuevas restricciones a la observación electoral. Se suprimió, en la práctica, la observación internacional, mientras que se ha sometido a la observación nacional a restricciones inadmisibles, como la confidencialidad de sus resultados. Tras una amenaza de cancelar el reconocimiento de Ojo Electoral como observador nacional en las elecciones parlamentarias de septiembre, no se lo acreditó como tal en las elecciones parciales del 5 de diciembre. Las elecciones de 2012 se avizoran así como un evento en el cual el Presidente Chávez no invitará al electorado a reelegirlo sino que le ordenará así hacerlo.



Conclusión: Se traspasó la frontera de la democracia.

Con estas acciones, ejecutadas sorpresivamente en un lapso de pocos días, se han afectado elementos esenciales y componentes fundamentales de la democracia según la Carta Democrática Interamericana, como lo son, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, el ejercicio del poder con sujeción al Estado de Derecho, la separación e independencia de los poderes públicos, la transparencia de las actividades gubernamentales y la libertad de expresión y de prensa.



Creo que esto se explica porque el gobierno ha constatado que su verdadero proyecto político carece de respaldo popular y ha resuelto imponerlo a como dé lugar.

En el plano político, a partir de su reelección en 2006, el Presidente Chávez ha venido propulsando un mayor radicalismo de su proyecto político y, en paralelo, ha visto disminuir progresivamente su popularidad, su credibilidad y su capacidad de convocatoria. Desde entonces sólo ha ganado claramente una elección, que fue la enmienda para permitir la reelección, en la que tuvo que emplearse a fondo, abusando, como nunca, de los recursos del Estado y presentándola no como un mecanismo para permitir su perpetuación como Presidente vitalicio, sino como una ampliación de los derechos del pueblo elector, e implicando a gobernadores y a alcaldes en la propuesta. Perdió el referéndum constitucional de 2007, sufrió un descalabro en las elecciones locales de 2008 y perdió, en las cifras nacionales de votación, las parlamentarias de 2010, aun cuando, dadas las características de los circuitos electorales, consiguió mayoría parlamentaria, aunque menor a las tres quintas partes de los diputados electos. Estas mermas no son casuales, y pueden encontrar explicación parcial en el rechazo mayoritario a las medidas más radicales del gobierno, en particular cuando se asocia con el modelo cubano, cuando ataca la propiedad privada y cuando vulnera la libertad de expresión.

Adicionalmente, la situación económica ha venido empeorando, como seguramente será explicado por la profesora Patricia Hernández. La devaluación de cerca del 70% del bolívar sobre el dólar, para bienes de primerísima necesidad, tendrá un efecto devastador sobre la economía de los más necesitados y redundará sin duda en un aumento significativo del malestar social. Los avances que, según las estadísticas oficiales, se han producido en el combate a la pobreza crítica, se desvanecerán con esta nueva carga tributaria a los pobres, que se traduce en aumentos de no menos del 50% en alimentos de la cesta básica y en medicamentos.

Ese contexto presagia que la caída de la adhesión al proyecto político del Presidente Chávez se agudizará en lo inmediato. Curiosamente, cuando la mayoría ha mostrado que repudia la radicalización, lejos de seguir democráticamente ese parecer mayoritario, se escoge el camino de transgredir gravemente las reglas de la democracia constitucional, para imponer por la fuerza el proyecto radical. Me atrevo a decir que entre la situación política y la situación económica al proyecto bolivariano se le acabó la gasolina de la democracia y ha optado por recurrir a esquemas conocidos del llamado socialismo real. El pregonado socialismo del siglo XXI muestra entonces su verdadera cara de estalinismo del siglo XX.

El régimen del Presidente Chávez hizo abandono de su legitimidad democrática de origen y la pervirtió en su ejercicio. Entramos en la etapa de la dictadura, una palabra que muchas veces me rehusé a pronunciar cuando pervivían, aunque precarios, los espacios democráticos que se han cerrado abruptamente con la asonada parlamentaria de diciembre último. Se ha orquestado un golpe de estado contra las instituciones democráticas y contra la mayoría que votó contra el gobierno en las elecciones parlamentarias, al abrigo de la sorpresa y en plenas festividades navideñas. Ha sido una estratagema premeditada y bien tramada, propia de un gobierno que utiliza la astucia de los militares que gobiernan para tender emboscadas.

Es natural que el actual estado de cosas despierte la indignación de la sociedad, tanto por las medidas que han configurado un golpe contra la democracia, en los ya reducidos espacios que quedaban, como por las consecuencias sociales de la devaluación de la moneda. Por lo tanto, es previsible también que el porvenir sea de mayor represión y de mayor espionaje, como corresponde a un gobierno que ha decidido abandonar el camino de la democracia. No es concebible que el gobierno haya tramado este sorpresivo escenario en diciembre si no está listo para ahogar brutalmente las protestas en enero, como ya lo han hecho en el pasado los gobiernos impuestos por la extinguida Unión Soviética en Europa del Este.

Sólo la magnitud de la reacción de la sociedad será capaz de inhibir la represión. Ese es un reto para la sociedad. Creo que no tiene otro camino que la protesta masiva, la desobediencia y la resistencia para enfrentar la destrucción de las instituciones democráticas; pero debe prepararse para hacerlo con éxito. La sociedad no está suficientemente organizada para el reto que tiene frente a sí. Corresponde a sus líderes improvisar esa organización y trazar una estrategia eficaz y coherente para obligar al gobierno a retroceder.

Otra dificultad de la reacción contra el nuevo cuadro político es la desmoralización de la sociedad, agotada por luchas fracasadas, atizadas por una alarma que no siempre se justificaba. Es capital que las luchas que se avecinan se encarguen de levantar la autoestima y la confianza en la capacidad del pueblo para imponerse sobre la ilegitimidad que se abate sobre el país. Si la sociedad no se levanta de inmediato, el gobierno aplicará todo el paquete legislativo de diciembre sin dificultad y anonadará a una sociedad pasiva. Pero es necesario que la protesta esté impregnada de optimismo y de la ilusión de construir la grandeza de Venezuela.

La comunidad internacional debe ser movida a considerar la nueva situación venezolana. Esto no será posible sin una reacción popular adecuada. A la vez, una iniciativa de los foros internacionales de debatir el último giro del gobierno venezolano, puede ser un aliento importante para esa reacción popular. Sin embargo, no deben cifrarse ilusiones en lo internacional. Puede ser un respaldo, pero no es la solución. La solución está en nosotros mismos, llamados hoy por la historia a estar a la altura de un desafío que es de vida o muerte. La supervivencia de la Universidad autónoma, científica y fecunda y de la República democrática, constitucional y pluralista dependerá del éxito de las luchas populares para su salvación. Es nuestra decisión llevarlas adelante con determinación y con brío, contra la represión, el autoritarismo y el totalitarismo de la dictadura que se instaura ante nuestros ojos. Con todos los medios pacíficos legítimos de los demócratas, pero también con la determinación de sostenerla por el tiempo que sea necesario hasta vencer. ¡Nunca nos rendiremos! ¡Nunca!

10/04/2010

El libro de Magueijo


Estoy leyendo “Más rápido que la velocidad de la luz” (Fondo de Cultura Económica), el libro del físico portugués Joao Magueijo (1967, Portugal) quien enseña en el Imperial College de Londres, una de las instituciones más prestigiosas del mundo en física teórica. Es un libro curioso y si bien aún no lo he terminado, por lo que un juicio final a este punto sería irresponsable, debo decir que nunca había disfrutado tanto un texto científico divulgativo. La curiosidad de este escrito es que es complicado separar la ciencia de la autobiografía.
Constantemente Magueijo se interpone entre nosotros y lo que el libro pretende decirnos. Nos enteramos de todo lo relevante y superfluo, como por ejemplo que la teoría se le ocurrió un día en la Universidad de Cambridge cuando iba camino a clases con un terrible dolor de cabeza debido a la resaca resultado sin duda de una noche alocada.
No soy físico, sino filósofo pero como el mismo Magueijo admite, la física teórica tiene más en común con la filosofía y la religión que con la ciencia. Y es por eso que, al igual que los físicos, parto siempre d ela hipótesis de que el investigador es solo un instrumento de la verdad. Es decir, planteas la hipótesis, intentas probarla, desarrollas la teoría y simplemente te apartas pues has cumplido tu tarea. Esto es lo que Thomas Nagel llama visión desde ningún lugar. Es decir, si la teoría es correcta entonces las circunstancias en las cuales esta se desarrolló son sencillamente irrelevantes. ¿Qué nos importa si Newton estaba deprimido el día que desarrolló su teoría de la gravedad? ¿o si Einstein tenía diarrea el día que se le ocurrió la teoría de la relatividad? Pero sabemos que esto es una absurda pretensión.
La circunstancia geográfica, política o de humor del autor de una teoría son elementos que sin duda influyen y en gran medida determinan el contenido de esta. En eso creo que la mayoría de la gente estaría de acuerdo. El problema radica en que si bien esto es verdad, el nivel o extensión de esa influencia es imposible de evaluar, razón por la cual preferimos nop convertirlo en una variable a la hora de evaluar una teoría. Pero ¿acasi alguien dudará que la teoría que la teoría política de Hobbes responde a los problemas que planteaba su tiempo? ¿o que el hecho de vivir frente al mar influyó en que Tales considerase que el agua es el primer principio? ¿O que Vallenilla Lanz pensaba lo que pensaba para justificar los haceres y deshaceres de su jefe J. V. Gómez?
Sea como sea, el libro de Magueijo es tan valiente como pedante como interesante. Es decir, digno de ser leído.